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jueves, 11 de febrero de 2016

Se cumplen 90 años del cruce del Atlántico por el avión Plus Ultra

Su tripulación fue la primera en cruzar el Atlántico Sur, de España a Buenos Aires; tardaron 19 días, usando un solo avión y haciendo seis paradas; fue recibido con euforia por los porteños


por María Manuela Antola

Hace 90 años, la tripulación encabezada por Ramón Franco llegaba a Buenos Aires después de cruzar por primera vez el Atlántico Sur en un solo avión, el Plus Ultra, algo que para entonces era una hazaña.


En 1926 nacían el revolucionario cubano Fidel Castro y la estrella de Hollywood Marilyn Monroe. España se despedía de uno de los arquitectos más famosos del mundo, Antonio Gaudí. El dictador italiano Benito Mussolini enfrentaba victorioso dos intentos de asesinato. Un grupo de científicos observaba en un laboratorio del Soho londinense cómo funcionaba el primer aparato reproductor de imágenes en movimiento a través de ondas, bautizado por su creador, el escocés John Logie Baird, como "televisión".

Era una época muy distinta a esta. El fascismo estaba el pleno ascenso. La Unión Soviética, existía. En la Argentina, hacía apenas 10 años que Hipólito Yrigoyen había llegado al sillón de Rivadavia gracias a la reforma electoral impulsada por la Ley Saenz Peña.


La aviación pasaba por uno de sus momentos históricos más importantes: su era de oro. Muchos aviadores sorprendían al mundo con increíbles hazañas, recorrían destinos casi inexplorados o unían puntos distantes del planisferio por primera vez.

Entre estos vuelos está el del Plus Ultra, primer hidroavión que cubrió sobre el Atlántico Sur el trayecto entre Puerto de Palos, España, y Buenos Aires. Los héroes de la proeza fueron los españoles Ramón Franco, hermano menor de "el generalísimo", Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada.



La elección del lugar de salida no fue accidental. Puerto de Palos es la ciudad desde donde, en 1492, Cristóbal Colón partió rumbo a lo que sería el descubrimiento del continente americano para los europeos.


Durante los 19 días que duró el vuelo, los aviadores hicieron seis paradas antes de llegar al destino final: una en Las Palmas (Gran Canaria), otra en Porto Praia (Cabo Verde), tres en Brasil (Noronha, Pernambuco y Río de Janeiro), y una más en Montevideo (Uruguay).


El presidente del Instituto Nacional Newberiano, el comandante mayor aviador Salvador Roberto Martínez, le explica a La Nación: "Constituyó un hito fundacional para la navegación aérea. Fue un esfuerzo titánico y sublime. No existían las herramientas de navegación que hay hoy. No había satélites y otros elementos elementales para los vuelos. Pero hizo honor a su nombre. "Plus Ultra" significa "más allá". Y eso hizo. Cruzó el Atlántico y, de alguna forma, empezó el proceso que llevaría a la globalización".

La euforia porteña

"A las doce divisamos la atmósfera negra que se extiende como un manto sobre Buenos Aires y se eleva hasta cerca de 500 metros", narran Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda en la novela que escribirían después sobre el viaje: De Palos al Plata.


Una vez sobre Buenos Aires, los tripulantes del Plus Ultra volaron sobre la ciudad escuchando emocionados "la inmensa algarabía y el intenso clamoreo de pechos y bocinas".

Después de 61 horas y 44 minutos, el Plus Ultra acuatizó finalmente en el Río de la Plata, cerca del Yacht Club Argentino, el 10 de febrero de 1926 desatando la euforia de los porteños.

Ni bien tocaron suelo argentino, el público se abalanzó sobre ellos para recibirlos. Los marinos debieron contener a la multitud para que pudieran pasar y, según Franco y Ruiz, se desató una "lucha ímproba con la muchedumbre". "Lucha" que dejó al ministro de Marina, que acompañaba a Franco, con una única manga en el traje de su uniforme.

La tripulación del Plus Ultra no podía creer lo que veía en las calles de la ciudad en el camino hacia la Casa Rosada. "Desembocaban por todas las avenidas ríos humanos (.). La copa de los arboles, las columnas de alumbrado y los monumentos parecían racimos humanos, que se apiñaban para completar nuestro paso (.). Todas las manos aplaudían al mismo tiempo que de todas las bocas salían rugidos de entusiasmo. Los sombreros agitados en el aire, daban la impresión de un frenesí delirante".

"El recibimiento fue espectacular. Se paró el país y tuvo resonancia en todo el mundo", cuenta Martínez.

Las crónicas en los diferentes medios de la época hacen eco de esta misma fascinación. "Sería ciertamente imposible imaginar un espectáculo más grandioso de multitud humana", sintetizaba uno de los titulares de La Nación en su portada del 11 de febrero de 1926.


Carlos Gardel les dedicaría el tango La gloria del águila. "El orbe entero se ha estremecido, y el entusiasmo en todas partes se desata", cantaría el Zorzal criollo.

"Todos querían subir a los automóviles para abrazarnos, y nos defendíamos como podíamos de sus estrujones (.). La avalancha humana rompió los cordones de policía" y tuvieron que "defendernos de las demostraciones de cariño del público", contarían después los aviadores en su novela.

Una vez en la Casa Rosada, el presidente Marcelo Torcuato de Alvear los recibió y los invitó a asomarse al balcón que da a Plaza de Mayo. Había músicos tocando el himno argentino y la marcha real española, pero la música era por momentos superada por el rugido de la multitud. En la plaza, miles de sombreros y de manos se movían saludando, aplaudiendo, dibujando una superficie ondulante.

"Para nosotros, ha sido este saludo del pueblo argentino el momento más emocionante de nuestro raid", afirmarían Franco y Ruiz.

Días después, el rey Alfonso XIII de España donaría el aeroplano al gobierno argentino. Sería usado por diez años para transportar correo y, en 1936, la Armada Argentina lo entregaría al actual Museo del Transporte del Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en la localidad de Luján. Allí se construiría un pabellón especial para alojarlo y mantener la memoria de la proeza viva hasta la actualidad.


El director del Complejo Museográfico, Andrés Mage, habló con La Nación sobre la importancia del Plus Ultra. "Es una pieza única. Por el interés que genera en los visitantes, muchos visitan el museo solo para ver al avión. Y también por su carácter simbólico como puente de comunicación entre el continente europeo y el americano", explica Mage.

El Instituto Nacional Newberiano, junto con la embajada de España en Buenos Aires, organiza para el 17 de marzo un acto académico en el Centro Naval para conmemorar el vuelo que, según el presidente del instituto, "unió a la madre patria con sus hijos: los países de Iberoamérica".